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martes, 22 de julio de 2008

Volver de nuevo. Dante Pino comparte con nosotros su preocupación por lo que viene
Qué queremos? ¿Cuándo? ¡Ahora, carajo! Es el grito de guerra que resume toda la impaciencia que nos envuelve. No podemos esperar, no sabemos esperar. Queremos las cosas ¡ahora! porque como dijo el MAS en su campaña: Ahora es cuando. Y ahora es todo. Solo que tener todo y ahora cuesta demasiado.
Como no sabemos avanzar hacia el futuro esperando el fruto de lo que sembramos en el pasado y queremos sembrar en el presente, la impaciencia nos lleva a retroceder sin remedio. Si las reformas del 93 al 97 no resolvieron nuestros problemas, entonces, hay que hacer atrás y rebotar hasta antes del 93, o del 85, o del 78 y con esa decisión, que no dio resultados, queremos soluciones ahora.
Los errores del pasado se convierten en las soluciones del presente. Repetir lo que hicimos mal es ahora hacerlo bien. Y los conductores de estos anacronismos convertidos en nuevas salvedades creen haber descubierto los remedios para curar viejos males. ¡Cómo nos gusta tropezar en la misma piedra! Volver al sistema de jubilación que mantuvo en la miseria a tantos jubilados, o volver a darle cuerda al Estado productor, inversor, consumidor y centralista que fue la causa de la desigualdad e inequidad social.
Estamos girando hacía atrás y ya no podemos mirar hacia delante. Esto nos deja en medio de la nada. Ni tenemos pasado ni tenemos futuro. Estamos viviendo el día a día como sea. Y claro queremos que este día sea ahora y con todo.
La economía no se detiene, porque todos hayan resuelto convertirse en machos y desafiarse a ver quién puede más que el otro. En vez de unir las fuerzas para jalar esa economía en busca de bases que nos den seguridad ante los tiempos que se avecinan, estamos derrochando dinero y repartiéndolo en las calles con gran jubileo y alborozo.
Si reflexionamos serenamente; las autonomías departamentales base de la constitución del nuevo Estado Nacional han quedado supeditadas a la pulseta del revocatorio, cuyo resultado no definirá ni el centralismo ni las autonomías. Dejando un Estado exhausto y miserable. Lo poco que se avanzó con la voluntad popular ha quedado frenado en medio del desierto.
Vamos desandando todo lo que podemos, haciendo volar en pedazos lo que construimos con tanto dinero y esfuerzo, creyendo que cuando más destruimos lo hecho mejor estamos. Y cuánta pena da saber que jóvenes dirigentes nacionales y sindicales tienen una mentalidad de verdaderos dinosaurios. Creen en el pasado y viven por él. La realidad les enseñará que una vez más se equivocaron. Para cuando esto ocurra, el tiempo perdido habrá sido en vano y la factura de este error repetido la pagaremos todos. Mientras tanto la distancia que nos separa de otras naciones que avanzan será mayor.
Bolivia seguirá extendiendo la mano a la ayuda internacional. Y nos darán, como siempre las migajas que les quedan, recordándonos que fuimos tontos, porque no supimos aprovechar lo que tenemos y las oportunidades que se nos dio para valernos por nosotros mismos. (hoybolivia)

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