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sábado, 27 de octubre de 2007

El salesiano Antonio Díez del Pozo
Hijo de Juan Bosco que trabaja en forma incansable por la educación y el bienestar de la Parroquia encomendada a su misión apostólica. Aunque nació en Madrid, ama a Bolivia país que eligió por nacionalidad. Su obra de bien, harto conocida en los círculos sociales, religiosos y humanitarios de Bolivia se inscribe como testimonio vivo de su vocación sacerdotal consagrada a Dios y en el caso de Antonio a María Auxiliadora, a cuya tutoría entregó San Juan Bosco toda su fundación.

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Educado con los salesianos en Sucre
Aprendí la devoción a María Auxiliadora, a Juan Bosco, a Domingo Savio y a Ceferino Namuncurá. Hijo de un cacique de las pampas argentinas llegó a un colegio salesiano de muy pequeño y se formó piadoso y aprovechado. Cultivó las virtudes cristianas y pronto descolló como un excelente alumno, buen deportista e hijo ejemplar. La salud no le acompañó y siendo adolescente dejó este mundo para ocupar su lugar junto al padre Juan Bosco y los otros santos de la orden salesiana. Recordado por su piedad, su infinita bondad y ejemplar conducta Ceferino muy pronto figuró como gran intercesión ante el Divino Maestro y las gracias concedidas a quienes lo invocaban no dejar de llover. De ahí que la noticia de su próxima elevación a los altares nos llena de honda emoción y nuestra plegaria es doblemente repetida por todos los jóvenes argentinos, bolivianos, latinoamericanos que verán en él un ejemplo de vida y conducta


Antonio Diez y sus 50 años sacerdotales
Por:MAURICIO AIRA
Uno de los padres de la Iglesia San Agustín, afirmo que la clave de la vida humana radica en la elección de la vocación, "es la mayor justificación ante el Plan de Dios y todos sabemos que a la justificación, sigue la gloria" el goce pleno de una existencia que ya no será la efímera etapa del transcurrir humano, de 60, 80 o más años.
Nacido en Madrid, acudió al llamado religioso y se ordenó muy pronto sacerdote como hijo de Juan Bosco, el admirable educador que desde su solar natal, en el Piamonte italiano fundara la Congregación Salesiana que se expandió por el mundo entero hace apenas 150 años para beneficio de los niños de la calle, de los más débiles y desamparados, Antonio Diez del Pozo vino a Bolivia imbuido de los más nobles ideales, siguiendo la inspiración de su Santo Fundador "da mi animas coetera tolle" (Dadme almas y llevaos lo demás). Los responsables de la Congregación en Bolivia, le asignaron una parroquia que estuvo a punto de ser abandonada. Villa Loreto había sido sede sucesivamente de varios religiosos que por una y otra razón, no lograron agrupar a los creyentes y formar una Comunidad estable. Antonio con profunda humildad, aunque armado de su Fe y confianza en Maria Auxiliadora Madre amorosa de los niños de la calle, se lanzó como otrora "el poverello de Asis" a la reconstrucción del Templo.
Sin duda que no fue fácil la tarea, le significó duras batallas, primero ganar la confianza de los lugareños, conseguir los medios materiales, vencer las dificultades y por fin, se logró construir el primer Templo imponente en su enorme sencillez, que bautizó como la Nueva Parroquia de Maria Auxiliadora. Al primero siguieron el segundo y el tercero y ¡Oh portento!, suman ya 17 iglesias construidas en la jurisdicción eclesiástica parroquial encomendada al Padre Antonio, el hombre que fue mereciendo el más franco apoyo de todos los pobladores de ese conglomerado de barrios que conocíamos como Las Villas, en otro momento las villas miseria de Cochabamba.
Los templos católicos no son sino la representación, el símbolo de la presencia de Dios en un determinado espacio. Tras el lugar de oración vienen las aulas de educación y enseñanza, los pequeños talleres de aprendizaje de artes y oficios, las casas curales y los conventos de las numerosas religiosas que a lo largo de estos últimos 25 años han venido llegando en apoyo del trabajo de los salesianos y que son el semillero de vocaciones de donde surgen otros "operadores de la mies" que no deja de crecer de un modo ejemplar. Hoy en día los niños y jóvenes que se educan en escuelas y colegios salesianos de estos barrios pobres no son menos de 15 mil, de esos centros emergen ciudadanos bien formados en sus deberes cívicos y religiosos. Son la muestra más clara del positivo e innegable trabajo de este sacerdote español, nacionalizado boliviano, que ha merecido el público reconocimiento de la Alcaldía Municipal del Cercado, como del Supremo Gobierno.
Cuando asistimos a la solemne Eucaristía en que sus hermanos de Congregación y una nutrida feligresía rodearon el Altar, no pudimos sustraernos al sueño que tuvo Juan Bosco en sus últimos anos de vida, allí en Turín, desde donde partían los misioneros en busca de ganar almas para el Reino. Don Bosco soñó con Bolivia, que a las riberas del Lago Titicaca surgía un panorama diferente, de altas torres metálicas conectadas entre si, de grandes edificios y carreteras sin fin, de grandes urbes densamente pobladas y en medio de todo ello sus misioneros asistiendo a las grandes comunidades. No podemos evitar lagrimas de gozo, porque este hombre de Dios ha edificado tanto, ha realizado tanto por nuestros jóvenes y niños especialmente, como dando cumplimiento al sueño profético de Don Bosco, justamente en momentos tales de pesadumbre y preocupación, en que sin embargo revive la esperanza y la confianza en un futuro halagador. ¡Larga vida al salesiano Antonio Diez del Pozo al cumplirse los 50 anos de su ordenación sacerotal! (Publicado en L.T., mayo de 2005)

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