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lunes, 16 de enero de 2017

reacio a cambiar ministros, les obliga a campañas muy personales, no importa su capacidad de gestión, sino el grado incondicional de "adhesión y llunkerío" determinante para medir la duración de su cargo. nos encontramos frente a una competencia a ver cuál es el fanático de la re-re-re-reelección

Desde que el Primer Mandatario anunció que este 22 de enero, fecha en que cumple 11 años continuos en el ejercicio del poder (y en el que desea mantenerse, pese a que la Constitución Política del Estado lo prohíbe, prohibición ratificada en un referendo constitucional) hasta 2025, introduciría algunos cambios en su gabinete de ministros, muchos de los actuales dignatarios han comenzado una intensa campaña para llamar la atención, al igual que muchos adherentes del gobierno, incluyendo, asambleístas.

Simultáneamente, en las diferentes reparticiones proliferan las especulaciones, al mismo tiempo que cunde la incertidumbre pues, como se sabe, un cambio de ministros significa una amplia remoción de personal. Más aún si en este ámbito no rigen las leyes laborales que con tanto placer aplican las autoridades en el sector privado para evitar los despidos.

Por estas razones, se puede prever que en esta semana seguiremos asistiendo a espectáculos poco gratificantes como ha sucedido con la visita de una ministra a Cochabamba para desmentir lo sucedido en una reunión en la que no estuvo presente; afirmaciones como las de un asambleísta (que seguramente olvidó que el Presidente ha señalado que no recurrirá a senadores ni diputados para integrar su gabinete) realizando afirmaciones tan lambisconas como que Evo Morales ya está habilitado legal y constitucionalmente como candidato el 2019; otra dignataria que manda reclamos a los medios del mundo.

Ojalá que el Primer Mandatario del Estado no espere, pues, hasta el último momento para anunciar los cambios, pues corre el riesgo de que el aparato administrativo del Estado se vaya paralizando.

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