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lunes, 26 de diciembre de 2016

Previus: imaginar que la CPE cambie un dia, ajustando lo ordenado al Congreso, para convertir a las hoy llamadas "interpelaciones" en simples pedidos de informe para uso de los legisladores y de los medios. no tienen porqué convertirse en shows mediáticos y concluir siempre en aplausos al informante. esto como senala LT es una deformación de la Democracia. interpelaciones que provocan frustración e impotencia en los demandantes y caos y corrupción en el oficialismo.

La Constitución Política del Estado (CPE) y la práctica democrática establecen que la atribución que tienen los legisladores de interpelar a los ministros de Estado es uno de los cimientos de este sistema porque, bien utilizado y aplicado, permite limitar el arbitrio al que son tan proclives las autoridades del Órgano Ejecutivo. 

En nuestra joven democracia, la interpelación no siempre ha tenido la fuerza que la ley le otorga. Ello, debido a la formación de mayorías circunstanciales afines al oficialismo, hasta 2006, y desde entonces por la contundente mayoría de la que goza el MÁS en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

En la primera etapa transcurrida desde 1982 hasta 2006, frente a la denominada “aplanadora” que conformaban los partidos con representación parlamentaria, gracias a la cual se blindaba a los magistrados contra la censura, hubo, empero, varias excepciones en las que se logró sancionar a varios dignatarios.
Desde 2006, no ha habido excepción alguna y la mayoría parlamentaria del MAS acata disciplinadamente las instrucciones oficiales y, salvo en uno que otro acto de esta naturaleza, no hay ni siquiera un mínimo debate que legitime esta práctica legislativa.

Más bien, en un aparente acto de desprecio, incluso los dignatarios no responden a las preguntas que se les hace y en muchas ocasiones ni siquiera atienden las observaciones que se les hace, y terminan siendo aplaudidos por sus adherentes, más aún cuando hay evidentes transgresiones.

El problema de esa realidad es que no sólo se daña el funcionamiento del sistema democrático, sino que se abre las compuertas al caos administrativo y a la corrupción, por un lado, y, por el otro, a que se incuben sentimientos de frustración e impotencia que pueden tener imprevisibles consecuencias.

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