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lunes, 31 de octubre de 2016

Evo denigra a inversionistas y los hace aparecer como antipatriotas o malos bolivianos sólo porque no utilizan ENTEL y prefieren Tigo o Viva. es un extremo intolerable según expresa con precisión El Deber de SC

Es patriota toda persona que tiene amor por su patria y al mismo tiempo procura su bien. También se interpreta el patriotismo como aquel sentimiento que hace que uno mantenga en alto las cosas de su país y las promueva o defienda al máximo, tanto frente a propios como ante extraños.

He aquí que en una de sus ya alarmantes expresiones -como aquella de estar en contra de la tradicional división de poderes y otras anteriores no menos extravagantes o inapropiadas- el jefe del Estado boliviano dijo hace unas semanas que los que utilizan la estatal Entel son patriotas, mientras aquellos que tienen contratados sus servicios de celulares con las empresas Tigo y Viva resultaban ser “antipatriotas”. Como es sabido, Entel fue nacionalizada mientras Tigo y Viva son empresas privadas debidamente autorizadas que operan bajo el sistema de libre competencia. Calificar de “antipatriota” a quienes utilizan los servicios de alguna de ellas, o de ambas, es un lamentable extremismo.

Desde hace un tiempo ha surgido una servil tendencia entre allegados del mandatario que consideran sus dichos y hechos como “ocurrentes”, “risueños”, o poco menos que venidos de algún profeta especial asignado por los dioses del Olimpo para iluminar a Bolivia. No y no, Evo Morales es un simple ser humano como todos nosotros; por tanto, sujeto a errores u omisiones. Asimismo, aunque no les guste ni a él ni a quienes le atan los cordones de sus zapatos, trabaja con salario pagado por el pueblo como primer servidor del Estado y dentro de un escenario pluralista-democrático de libre contratación y expresión.

Todo el que invierte en Bolivia y genera empleos al mismo tiempo que cumple con las leyes y paga sus impuestos es un patriota, por querer a nuestro país y colaborar con su crecimiento. Por otro lado, quienes usan recursos del erario público para fines más allá de los deberes básicos estatales (salud, educación, seguridad, justicia, entre otros) entran en la línea de un discutible patriotismo teñido de demagogia, aunque lo defiendan como “protección de los recursos naturales”, “nacionalismo” u otra gastada fraseología por el estilo