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jueves, 28 de enero de 2016

Raúl Peñaranda no está del todo convencido que Alvaro García hubiese estado en Bolivia cuando dice haberse presentado en el cuartel para cumplir con el servicio militar (+) esque como marxista no cree en los beneficios de tal servicio. luego las fechas no coinciden, será que hay un registro de viaje entre México y Bolivia en su pasaporte? la cosa da para una pesquisa.

Álvaro García Linera viajó a México a estudiar matemáticas en 1980 y retornó en 1985, dice su biografía oficial publicada en la página web de la Vicepresidencia. El texto, publicado en un bonito documento PDF fácilmente descargable, agrega que para entonces, ya abrazaba ideas radicales. Explica el texto: “En 1979 (…) era y, hasta ahora soy, un marxista seducido por la insurgencia indígena” (http://www.vicepresidencia.gob.bo/IMG/pdf/biografia_alvaro_garcia_linera.pdf).
Todo esto nos da qué pensar sobre la polémica ocasionada por las supuestas irregularidades en la libreta militar del Vicepresidente. Ha sido aclarado por el Tribunal Supremo Electoral que ésta fue entregada dentro del plazo en 2005, antes de las elecciones nacionales, y desmintió así un certificado emitido por esa propia entidad en enero pasado.
Pero las circunstancias en las que García Linera asegura haberse presentado a hacer su servicio militar generan dudas, como adelantó Amalia Pando en su programa Cabildeo. Las fotocopias de la libreta establecen que se presentó el 23 de enero de 1981 en la Escuela de Sargentos, una entidad militar en Cochabamba. Fue eximido y por ello le fue autorizado no cumplir con el año de servicio.
En primer lugar, si estaba en México, como dice su biografía oficial, ¿es razonable pensar que volvió a los pocos meses a presentarse ante autoridades militares? ¿Él, que ya tenía ideas radicales y que rechazaba la institución del servicio militar?
¿Volvió de México en medio de la dictadura de García Meza y se presentó ocho días después de ocurrida la matanza de la calle Harrington?
Además, García Linera, que no tenía en 1981 impedimento físico o psicológico que conozcamos, no podía estar seguro de ser eximido de hacer su servicio militar. Por tanto, una de las posibilidades era que no se lo declarara inhábil y que, en ese caso, fuera forzado a realizar el año completo, lo que hubiera interrumpido sus estudios en la UNAM. ¿Hubiera tomado ese riesgo? ¿Volver de México y perder sus estudios durante un año? ¿Y haberse arriesgado a la posibilidad de que, como conscripto, fuera enviado a realizar represiones militares con las que él estaba en total desacuerdo?
Su biografía, que es relativamente breve, de cinco páginas, no menciona obviamente ese supuesto retorno a Bolivia por unos meses, lo que es lógico. Pero señala, con bastante firmeza, como hemos adelantado, que volvió a Bolivia en 1985.
Es también curioso que el Vicepresidente no haya podido informar, en su belicosa conferencia de prensa al respecto, dónde tramitó ese documento militar. Además, falló al mencionar el año. Dijo 1980 en vez de 1981.
“Comencé mi trámite el año 1980 en el CITE, no, en la Escuela de Sargentos, si no me equivoco. Ya me he olvidado. El que queda por Muyurina... ahí es donde hice, inicié mi trámite”, dijo. Mmm. “¿Comencé el trámite?”. ¿No era más lógico decir, “me presenté”?
El tema de las inconsistencias sobre si se presentó o no a hacer su servicio militar es relevante porque se debe exigir a las autoridades que cumplan las normas de un Estado, especialmente aquellas que tienen que ver con los requisitos específicos para ocupar un cargo.
Más importante es el hecho de que García Linera y numerosas otras autoridades no creen en el servicio militar. De manera oficial lo respaldan para no contradecir al presidente Evo Morales, quien genuinamente defiende esa instrucción que, de hecho, es la única “educación superior” que recibió. Pero el servicio militar es una rémora del pasado que debería ser anulado o, al menos, declarado “voluntario”. Por ese camino van muchos países democráticos de la región.
El Vicepresidente suele ser maximalista y excesivo. La pose de analista que tenía antes de llegar al poder es, justamente, cosa del pasado. En años recientes ha adquirido un estilo en el que goza con utilizar los más extremos adjetivos. El martes 26, para hablar de su libreta militar, fue especialmente desmedido y desproporcionado. Quizás cometió un error de cálculo porque ahora, aparte de este columnista, deben haber decenas de personas interesadas en escudriñar si se presentó realmente, o no, a hacer su servicio militar.
Si hubiera desmentido los hechos de manera mesurada (pero en este gobierno nada se hace con mesura), tal vez todo hubiera pasado desapercibido. También hubiera pasado desapercibida la parte de su biografía en la que señala que logró títulos “de pregrado y postgrado” en la UNAM. Lo curioso es que en marzo pasado dijo, ante una denuncia de que no había presentado su tesis en México: “En todo caso quiero decirles que evidentemente yo no he hecho ningún trámite en Bolivia, el trámite de revalidación, de titulación, cuando yo estudié en el extranjero y cuando volví del extranjero, tenía que revalidar acá en Bolivia, no lo he hecho”. Este tema, con toda probabilidad, seguirá en la agenda.
El autor es periodista.

1 comentario:

Arnaldo Lijerón Casanovas dijo...

Su biografía lo desmiente hasta la pared del frente. Esta vez la impostura ha tenido patitas muy cortas. Ni se presentó al cuartel, porque no estaba en el país en esa fecha, tampoco la tramitó, por la misma circunstancia. Al parecer, los miles de libros no le dieron honestidad intelectual al vicepresidente Linera.
Se ha dejado pillar, infraganti. En un país verazmente democrático y con estado de derecho, ambos dignatarios ya estarían defenestrados. Tanto el TSE, el TSJ y el TCP, son vergonzosos apéndices del gobierno. Han pisoteado la Constitución a su regalado gusto, para satisfacer las angurrias de poder de ambos. Lo sucedido en el Fondo Indígena es el peor escándalo de corrupción en la historia boliviana, porque se ha promovido desde el gobierno el despilfarro y el fraude por los dirigentes sociales, engañando a sus pueblos y organizaciones indígenas. Y si a ello sumamos la apaleadura propinada en Chaparina, no habría cárcel ni tiempo para castigarlos.