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miércoles, 20 de mayo de 2015

Los Tiempos ve mala señal en la dependencia de insumos para la alimentación que son importados. el corte al subsidio del pan provoca furia y de la inmensa población, traición al pueblo, sin desconocer la especulación, el agio, la escasez y el enriquecimiento de los especulaldores. Lo del "pan nuestro de cada dia, es mala señal" de tiempos difíciles.

Con cada año que pasa está aumentando la dependencia de nuestro país de alimentos provenientes del exterior y eso no deja de ser una mala señal
A las muchas señales que a diario dan cuenta del cambio sustancial que está produciéndose en los mercados internacionales durante los últimos meses y de los efectos que esos cambios tienen y tendrán sobre la economía nacional, se ha sumado durante los últimos días la decisión gubernamental de suspender la subvención de la harina destinada a la producción de pan de batalla.
La medida ha sido recibida con muy diversas reacciones que van desde la furia de quienes más directamente se beneficiaban de esa política gubernamental –los empresarios del rubro de la panadería– en un extremo, hasta los elogiosos análisis y comentarios provenientes de destacados analistas de la realidad económica nacional. Y al medio, la inmensa mayoría de la población cuya experiencia cotidiana no resulta suficiente para comprender una medida que, aparentemente, traiciona uno de los principios rectores de la política económica aplicada en nuestro país durante los últimos años.
Es probable, como no podía ser de otra manera, que la decisión gubernamental haya estado en última instancia inspirada en un cálculo muy pragmático de la relación entre el costo y el beneficio de la medida, tanto en términos económicos como políticos.
No se debe perder de vista, sin embargo, que la disposición gubernamental tiene como telón de fondo la drástica caída del precio de la harina en los mercados internacionales, lo que tiene especial efecto en Argentina, país cuya producción excedentaria busca acomodo, así sea a precios bajos, en mercados como el nuestro.
En tales circunstancias, resulta de lo más razonable la decisión gubernamental, pues si hay algo que a los bolivianos nos ha enseñado la experiencia histórica es que las subvenciones y las políticas encaminadas al control de precios no dan más resultado que la especulación, el agio, la escasez y el enriquecimiento de quienes más directamente se benefician con los precios artificialmente fijados.
No es menos cierto, sin embargo, que un fenómeno muy similar está produciéndose con muchos otros artículos alimenticios que están siendo importados con ventaja para los importadores gracias a las crecientes diferencias cambiarias con nuestros vecinos, causando por contrapartida muy serios daños a la capacidad productiva de los pequeños agricultores, cuyos productos están destinados al mercado interno. Esa tendencia se refleja en el hecho de que en el último quinquenio (2010-2014), la importación de alimentos destinados al mercado interno creció en 93 por ciento, lo que contrasta con el aumento de las exportaciones de soya y otros productos destinados a mercados del exterior.
Como se puede constatar a la luz de esos datos, lo que está ocurriendo con el precio del pan es sólo una pequeña porción, muy representativa pero no la única, de una tendencia que no debe pasar desapercibida. Es que con cada año que pasa está aumentando la dependencia de nuestro país de alimentos provenientes del exterior y eso, para mal o para bien, como en este caso, no deja de ser una mala señal.