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viernes, 3 de enero de 2014

Jaime Guzmán desde OPINION tiene la hidalguía de enrostrar a la dirigencia de transportistas por los abusos que cometen, sea elevando precios de las tarifas, sea incumpliendo promesas de mejoras en el servicio que sigue igual o peor que antes, sin "ningún estudio técnico" y sólo "negociando con el Poder sus privilegios".

Ahora que se anuncia que se hará un estudio “técnico” de las tarifas del transporte público, en manos privadas; bueno es hacer algunas consideraciones.

Las autoridades sanitarias han anunciado que aumenta el número de sordos entre la gente y se debe al uso y abuso de auriculares, teléfonos y demás adminículos donde hay que agregar toda la contaminación que producen camiones, autos, buses, etc., no únicamente con sus bocinas sino también sus equipos de sonido que ponen, en el volumen, inversamente proporcional a su CI.

¿Cuántos millones debieran pagar por indemnizaciones y cuánto les correspondería a concejales y otras autoridades por su negligencia, omisión o complicidad? ¿Los llamados “hechos de tránsito” aun siendo falla humana o mecánica, no obligan igual al causante de la irresponsabilidad? ¿Por qué y en base a qué instrumentos jurídicos tienen el privilegio de pagar menos en boletas, rosetas, multas, carburantes y otros beneficios que esconden cuando les conviene? ¿Cumplen con las leyes laborales de sus explotados los choferes? ¿Por qué tienen un régimen especial de tributación que es ilegal, discriminatorio y odioso?

A la queja permanente sobre el estado de calles, avenidas o caminos, ¿no hay que contraponer, acaso, la culpabilidad de ese deterioro que se produce por camiones sobrecargados, a velocidades prohibidas y frenadas urgentes? ¿Con cuánto contribuyen no solo al mantenimiento de esas vías sino también a su construcción?

En cuanto a lo de “estudio técnico” que vayan a sofisticar a su abuela pues los resultados siempre han sido del aconchabamiento partidista y sectario y en detrimento del usuario; porque si correspondería ese estudio a la tecnología, debieran hacerlo no alrededor de una mesa de negociación sino en los laboratorios, talleres o aulas donde se pueda escuchar expertos en el tema y no simples interesados. Por lo demás, ¿dónde queda la seguridad, la comodidad, la higiene, la educación que deben ofrecer al usuario los que participan de la explotación eminentemente usufructuaria del sector? ¿Qué papel juegan los autodenominados dirigentes pidiendo aumento de tarifas o la medida de los pantalones de tal o cual tirano? ¿Qué hacen las autoridades pertinentes cuando negocian? ¿Qué negocian? ¿El bien común?

Como se puede ver hay sobrados motivos para modificar las actuales tarifas a la baja y, en su caso, promover un sistema de transporte que, efectivamente, sea público, cómodo, seguro, higiénico y de acuerdo a la economía de los que lo necesitan.