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jueves, 16 de septiembre de 2010

Olvido colectivo por la lucha cívica

Mauricio Aira

Se ha cometido imperdonable olvido en los festejos del bicentenario por la pléyade de líderes cívicos que lucharon por defender los intereses de Cochabamba especialmente frente a regímenes autoritarios que consideraban un delito hacerlo. Hemos asistido al reconocimiento extraordinario de 200 ciudadanos meritorios algunos plenamente justificados, otros no tanto y finalmente unos pocos que lejos de haberse integrado al quehacer colectivo, lo hicieron en contra o simplemente no hicieron nada. Del conglomerado nunca superado en número han estado ausentes los conductores de la civilidad.

Algunos de los grandes proyectos que los héroes olvidados colocaron en la agenda de reivindicaciones se han cumplido, otros están en camino de ejecución lenta, otros más han sido preteridos. Misicuni fue propuesto por don Luis Calvo y secundado por la Junta de la Comunidad (JUNCO) contra viento y marea por ser la solución a la carencia de agua potable, la necesidad de riego, como recurso energético. Sucesivas administraciones se negaron a ejecutarlo y aún hoy día a más de tres décadas de la propuesta no alcanza ejecutoria plena. Changolla como yacimiento de hierro está al margen. La intención de establecer ingenios azucareros en El Chapare nunca prosperó pese a los estudios profundos que el agrónomo Carlos Cosío impulsó con vigor. La ciudad industrial propuesta terminó por transformarse en un recinto aduanero, lejos de la riqueza del proyecto original que consistía en agrupar a todas las industrias para que participasen de ventajas colectivas. La urbanización o si se quiere planificación de la ciudad a partir del plano regulador de Urquidi no llegó a ejecutarse al menos en el casco viejo que sigue siendo un mamarracho pese a los intentos aislados de los administradores municipales de hacer cumplir las regulaciones. Emergente del plano regulador resultó la preservación de la cota arborífera del Tunari, la recuperación de Alalay, hermoseada con el Cristo de San Pedro y el funicular.

Colosal tarea ha significado construir el entorno del casco viejo con nuevos barrios, plazas y paseos que diversos Alcaldes han implementado, cuyo conjunto hace de Cochabamba una hermosa ciudad, lo que contrasta con el centro urbano donde existe desorden arquitectónico en una mezcla de antiguas y nuevas normas que dan por resultado edificios fuera de norma, aceras anchas y angostas, calles intransitables por el caos vehicular que provocan, edificios fuera de la rasante, proliferación de puestos de venta que le dan aspecto de pueblo chico, por donde se camina a empujones.

De regreso al olvido de los cívicos que mantuvieron latente la cochabambinidad corresponde por justicia rescatar sus nombres José de la Reza, Javier Rodríguez, Adrián de La Torre, Hugo Bilbao, René Olmedo, Carlos Cosio, Monseñor Walter Rosales, Delicia Andrade, Gaby de la Reza, José Medrano, Carlos Canelas, Franklin Anaya, Raúl y Roberto Peña, Hugo Galindo, Humberto Coronel, Raúl Artero, y otros muchos que escapan a la memoria entre los que hubo empresarios, intelectuales, trabajadores, estudiantes. Desde el nacimiento de JUNCO hasta su fusión con el Comité Pro Cochabamba transcurrieron al menos dos décadas jalonadas de constante activar que consistió en crear una conciencia colectiva de unión, de acción constructiva, de reclamo y en momentos de franca rebeldía.

Trascendente el acto de rendir pleitesía a tantos valores humanos en diversos campos de actividad y disciplina, escribir sus nombres en letras de molde y rescatar para nuestros jóvenes y niños su ejemplo de amor por el terruño del que sin embargo no puede estar ausente la gratitud hacia quienes en el pasado reciente expresaron su cochabambinismo de un modo práctico y admirable a través de la militancia cívica.