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sábado, 30 de agosto de 2008

Ultimo baluarte de la Nacionalidad, denomina Guillermo Capobianco a la vocación democrática de Santa Cruz, opuesta al centralismo del gobierno secante del MAS cerca de la Dictadura.
De acuerdo con la definición de los clásicos en la materia, Bolivia está en este momento al borde del agotamiento de la ‘política’ como instrumento esencial de la convivencia social y a punto de ingresar a la continuación de la misma, pero por otros medios. El país puede estar al borde de la ‘guerra’ en cualquiera de sus formas.El Gobierno central, prevalido del ‘triunfo’ logrado en las urnas del referéndum revocatorio del 10 de agosto con el 67% de votos del electorado, está desplegando todo su poderío estatal-gubernamental para hacer aprobar de inmediato su texto constitucional e implantar en Bolivia un Estado social-comunitario.Está decidido a llevar adelante sus propósitos sobre la base de una ‘lectura’ unilateral y sesgada de los resultados del 10 de agosto, día en el que evidentemente recibió un respaldo mayoritario, pero en el que también la ciudadanía se pronunció a favor del país autonómico emergente y ratificó a sus gobernadores.El mandato popular de las urnas ha sido claro y contundente: apoyo al ‘proceso de cambio’ que encabeza el presidente Morales y su partido, pero a la vez apoyo al país autonómico emergente y a sus liderazgos departamentales.Tan legítimo fue el triunfo del bloque de poder que expresa y representa el Gobierno central y su proyecto, como la victoria apabullante del bloque regional y su proyecto de país democrático y autonómico.El mandato ciudadano expresado en las urnas a la clase política gobernante y a los líderes autonómicos de los cinco departamentos es el del pacto social histórico de coexistencia pacífica y democrática de ambos regímenes o sistemas, preservando la unidad territorial y nacional del Estado boliviano soberano e independiente que fundaron los libertadores hace 183 años.El Gobierno central, sin embargo, no lo percibe de esa manera y más bien considera que ha llegado el momento de completar el proceso de liquidación del Estado de derecho y de implantar en el corazón de Sudamérica un Estado autoritario bajo formas seudodemocráticas.“Todo el poder al MAS”, parece ser la consigna de los líderes gubernamentales, que en una especie de paranoia revolucionaria hacen esfuerzos supremos por semejarse a los bolcheviques de la Rusia zarista después del asalto al Palacio de Invierno. Están jugando con fuego.Por lo visto, mediante el temor institucional de la expulsión y del despido, o el dolo del bono de lealtad han logrado hasta el momento la neutralidad de las Fuerzas Armadas, que después de las experiencias traumáticas del pasado reciente en materia de represión al pueblo se mantienen por el momento a la expectativa.De persistir el empeño autoritario del Gobierno central por implantar su modelo de Estado social-comunitario e intentar aplastar, mediante el empleo de la fuerza pública a sus ‘enemigos’ de la ‘media luna’, las Fuerzas Armadas serán tal vez el último reducto de la lucha por la continuidad de la nacionalidad.
* memocapobianco@gmail.com