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miércoles, 19 de agosto de 2009


Chávez, Pinochet y Perón enfrentados a la Iglesia

Mauricio Aira

Los tres personajes nombrados cargan sobre sí crímenes de lesa humanidad que se convirtieron en obsesiones, en sus duendes y demonios que les provocaron pesadillas y perturbaron para siempre sus vidas dándoles un rumbo distinto al que habrían soñado en su vida adolescente.

*Del primero se sabe que a poco de tomar el poder por las armas encabezando un golpe de estado contra el gobierno constituido surgieron agrupaciones como Prohibido Olvidar, o Queremos Saber que reivindican el emblema de los caídos en Venezuela, como cuando mataron a Maritza Ron de Torregrosa el 16 de agosto de 2004 al día siguiente del Referéndum Revocatorio, fue acribillada por pistoleros bolivarianos que portaban armas de guerra. Se tramita justicia en tribunales internacionales. Hay al menos 60 casos similares de asesinados por el régimen de Hugo Chávez. Se ha puesto al frente de la Iglesia y han menudeado las controversias especialmente ahora con su Ley Orgánica de Educación que restringe la libertad de prensa y de religión y establece sanciones contra los maestros, las instituciones educativas, los mas media y la Iglesia Católica.

De las computadoras tomadas a guerrilleros de las FARC contenidas en 610 gigas de información que incluyen 983 archivos se sabe que hay pruebas para demostrar que Chávez y altos funcionarios de su gobierno mantienen relaciones clandestinas con las FARC y ayudas en armamento, dinero y protección. Aún cuando el régimen chavista gasta fortunas en auto protegerse, las denuncias por violación a los DDHH son múltiples y están bien documentadas. Con una oposición activa aunque débil, los crímenes chavistas son encubiertos merced a un monstruoso aparato propagandístico internacional.

**La obsesión que persiguió a Pinochet fue la Caravana de la Muerte nombre asignado a la comitiva militar que recorrió el norte y sur de Chile luego del golpe militar del 11 de septiembre de 1983. La Caravana ordenada por el dictador ejecutó a 72 personas, cuatro en Cauquenes, 26 en Calama, 14 en Antofagasta, 13 en Copiapó y 15 en la Serena. La sangre de los muertos sin figura de juicio y bajo simples acusaciones persiguió a Pinochet hasta el fin de sus días. Gran cantidad de recursos y su tiempo a lo largo de los años usó el tirano para encubrir las pruebas y silenciar a los testigos, aunque más pudo la fuerza de la verdad y la valentía de unos pocos que ofrecieron su testimonio que lo llevó a la prisión, (ocho meses en Londres) pese a estar muy bien protegido por el aparato de poder que había construido a la cabeza del gobierno de Chile. Si bien no contrarió públicamente a la Iglesia Católica mostró su desagrado con los Obispos que nunca cesaron en clamar justicia y en condenar sus crímenes e hizo asesinar a varios religiosos. La Iglesia protegió y salvó vidas humanas por medio de su Vicaría de la Solidaridad en medio de la persecución y el terror.

*** “Cuídese de los curas mi general. No fue la rosca oligárquica ni los militares quienes me tumbaron, fueron las sotanas” le habría prevenido Rafael Leónidas Trujillo a Juan Domingo Perón, quién desoyéndole llevó adelante un intento de descristianizar Argentina expresado en la aprobación de la ley del divorcio, la separación de la Iglesia del Estado y el retiro de la religión como materia de enseñanza. En ejecución de las normas, por primera vez el Jefe de Estado no estuvo presente en la procesión del Corpus Christi cuando los jóvenes militares formados en la fe católica, reaccionaron en su contra y cundió el descontento unido al enojo generalizado que provocó la quema de templos católicos por huestes peronistas. El resultado fue la huída de Perón hasta Madrid donde pasó su prolongado exilio. Allí se reconcilió con la Iglesia, obtuvo la absolución del Obispo ordinario y pudo regresar a Buenos Aires, ser elegido nuevamente y gobernar Argentina hasta el final de sus días. Perón superó su obsesión y se acercó a Dios.

Poco tiempo duró el enfrentamiento de Perón con la Iglesia. Su abandono del poder, su prolongado exilio y la enmienda de sus errores permitió un retorno a la normalidad donde no se han producido incidentes de importancia.

Hemos visto tres ejemplos uno actual, otros del histórico ayer que ilustran la imborrable persistencia del crimen que jamás se olvida y clama justicia por encima del tiempo y del espacio.