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jueves, 10 de abril de 2008

La revolución del Patujú

El adelanto de las acciones del futuro gobierno departamental, han sido expuestas por el Prefecto Costas. Producción, salarios e impuestos. Una lógica básica de la que debe partir todo aquel que se considere un gobernador, es decir, un administrador de la cosa pública. Esta sencilla receta, es la que el gobierno del señor Morales no entiende. Por eso resulta remarcable el futuro autonómico de Santa Cruz.
¿Cómo entender una revolución sino es asumiendo la realidad objetiva que lleva a la necesidad del cambio porque las fuerzas sociales quieren construir una nueva manera de gobernarse? Las revoluciones no nacen se hacen. El éxito de las mismas se mide por la profundidad del cambio en la misma estructura que lo compone. Son pasos inevitables, que se sitúan por encima de sus propios dirigentes y esa es la verdadera fuerza que los moviliza.
En nuestra historia tan plagada de "revoluciones" que más bien eran giros en contrario, las verdaderas han sido pocas pero ciertamente profundas. ¿Hubo ciudadanos que pensaron que en abril de 1952 las masas movilizadas eran cosa de "unos cuantos" y de las oligarquías que defendían su statu quo? Seguro que sí. Y se vieron superadas por los acontecimientos sin poder hacer nada en su contra.
Los cabildos cruceños de este siglo fueron avisos claros de una voluntad social cansada de vivir bajo los moldes de un presidencialismo agobiante e ignorante de la realidad nacional. Esa voluntad social no se logra con prebendas, porque estas no alcanzan cuando el pueblo está movilizado y asume su papel. La determinación de sus decisiones fueron tan claras que sólo una ceguera obcecada y soberbia puede pretender negarla.
Lo que no tiene lógica es que un Gobierno que se llama revolucionario, que proclama el cambio y se trata asimismo como ícono de la nueva historia no haya podido dimensionar y calibrar lo que se venía como una ola gigantesca desde el oriente. Los revolucionarios se convirtieron en contras revolucionarios y defensores del statu quo. Niegan la voluntad de los pueblos y defienden la legalidad de una constitución, que desde su propia lectura, es una constitución burguesa. ¿Cómo entender esta rara posición ideológica y conducta - de quienes se entiende – saben hacer la revolución?
¿Acaso no convocaron a una Asamblea Constituyente porque la constitución vigente ya no servía para nada? Y resulta que ante la posición de los pueblos autonómicos que no se detienen ni apoyan en esa constitución que les niega su derecho a ser autónomos, para seguir su propio camino del cambio estructural, los “revolucionarios” se colocan al frente y combaten la voluntad del pueblo en defensa de la constitución. ¡No son más burgueses porque no se entrenan!
Pero lo cierto es que se han convertido en ciegos militantes del centralismo, del presidencialismo y la contra revolución. De ahí la pérdida del sustento social que le dio el voto creyendo en que eran revolucionarios en democracia. No lo son ni lo fueron, apenas alcanzaron a ser enanos bravucones y protectores de la coca – para la- cocaína.
Cobardes además, porque ni siquiera pudieron defender con hechos su nacionalización fallida y terminaron de rodillas ante las transnacionales que dicen combatir, porque no tienen tamaño ni fuerza para imponer su constitución escrita por indigenistas de sombrero y poncho ensangrentado, que a la hora de la verdad niegan ser autores de nada y buscan "diálogos" para salir del apuro en que se han metido.
Gallinas de cacareo subido de tono que hablan de cambios y se orinan en sus pantalones cuando miran la movilización del oriente y la tierra chapaca enarbolando las banderas de la revolución real con decisión. Ahora se cobijan en las sotanas de la iglesia, piden socorro a los que calificaron de colonialistas y verdugos de indios. ¿Quién pude creen en estos "revolucionarios"? Lo que sucede en Santa Cruz y se consolidará el 4 de mayo es una verdadera revolución social y económica. Son las masas, convertidas en movimiento que apoyan y defienden su derecho a definir sus niveles de vida, basados en el uso de sus recursos. ¿Hay algo más revolucionario que esto? Es que para el gobierno parece que sinónimo de revolución es hacer la guerra étnica, destruir la economía y las relaciones internacionales, movilizar grupos de choque, discursar desde balcones y repartir dineros de dudoso origen.
Nunca un revolucionario de verdad calificaría esto como revolución. Por eso han perdido el sentido de la historia y no tienen respuesta para la Revolución del Patujú. Estamos cerca de los días más importantes en la vida republicana y en vez de acompañar el parto de una nueva Bolivia, el Gobierno se empeña en negarlo y quiere más bien destruirlo. Sólo la estupidez embriagada de Poder puede creer que tendrá éxito en esto. (De Dante Pino en hoyBolivia)