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lunes, 7 de julio de 2008

Además de Erika Brockmann y Alfonso Gumucio que en oportunidades anteriores acusaron al Presidente de padecer de incontinencia verbal, el director de El Deber acaba de repetir el viejo refrán "en boca cerrada no entran moscas" a propósito de los dislates ya numerosos y variopintos en que incurre el folklorismo presidencial. Ayer nomás repetía "no me voy a callar denunciando las bases norteamericanas" mientras su canciller implora, "no más debates en los medios, mejor entendernos por la vía diplomática", de modo que el artículo editorial cobra toda su fuerza:

El lenguaje presidencial

En el caso del Presidente de la República, podemos decir que el hábito (dirigente sindical) hizo al monje (sigue y parece que seguirá comportándose como un mandamás gremial y no como jefe de Estado que gobierna a todo un país, obligado a someterse a las normas de conducta que impone tan alta investidura). Así lo demuestra su incontinencia verbal, propia del gremio del cual saltara al poder político y de otros sectores popular-corporativos. Inflamada, aquélla, de extrema agresividad respecto al adversario. Expone tan criticable defecto en sus recurrentes apariciones públicas frente a las masas de sus partidarios.Lo malo es que tan lamentable exceso retórico da lugar a serios problemas en la relación bilateral con gobiernos de países extranjeros. A las arremetidas contra los Estados Unidos, se agregó el ataque de Evo Morales al Gobierno peruano, en una proyección de injerencia en asuntos internos que Lima la consideró inadmisible, al punto que inmediatamente convocó al Embajador de Perú en La Paz para que explicara los alcances del enredo y luego presentó ante la OEA la denuncia por la ‘intromisión’ de Bolivia.Resultado: el embajador de Estados Unidos convocado a Washington. Después de dos semanas. regresa a La Paz, pero la Cuenta del Milenio le cierra, temporalmente, suponemos, las puertas a Bolivia mientras que la incertidumbre se cierne sobre la ratificación del acuerdo bilateral por el cual el país del norte nos concede liberaciones arancelarias a exportaciones que garantizan empleo e ingresos para miles de miles de bolivianos dedicados a la micro y mediana empresa en El Alto de La Paz y en diferentes lugares del país.Igual incertidumbre cae sobre el futuro de nuestras relaciones diplomáticas con ambos países. Estamos seguros de que no habrá rompimiento oficial de nexos, pero sí una marcada prolongación de los entuertos, en términos que igualmente nos acarrearán perjuicios. Lo peor, sin duda, se registrará en lo que hace a la imagen, el prestigio y la seriedad que el Gobierno de Bolivia debe acreditar ante todos los países miembros de la comunidad internacional.¿Existen en el Gobierno órganos específicamente encargados de asesorar al Presidente en materia de preservación de imagen y prestigio? Parece que no, y si cuenta con ellos no debe hacerles caso alguno, puesto que, día que pasa, incurre en nuevos y más graves errores.Se ha llegado a un punto en que se torna absolutamente necesario que alguien o algunos, en el Gobierno, aconsejen al Presidente una mesura total en su discurso. Aquélla debe ser particularmente rigurosa en todo cuanto se refiere a gobiernos de países extranjeros, a los que no cabe agredir por lo que hagan o dejen de hacer en el marco de su soberanía nacional. Están expeditas las vías diplomáticas que establecen el derecho internacional para que un país le haga saber a otro su preocupación en torno a hechos que perjudiquen o agravien sus intereses nacionales. Esa vía no es el discurso de plazuela, inflamado de imprecaciones, al estilo sindicatero. Lo mejor que podría hacer el jefe del Estado es restringir, a partir de ahora, sus apariciones públicas o, en todo caso, ser extremadamente cuidadoso con sus expresiones.“A boca cerrada no entran moscas”, reza la monserga popular. No pretendemos que el presidente Morales cierre la suya, pero sí que morigere su lenguaje, ajustando el mismo a la racionalidad y la prudencia.

jueves, 3 de julio de 2008



Parlamento Latinoamericano (Sede: Cochabamba, Bolivia)

el tiempo transcurre en forma acelerada y la región está quedando rezagada porque como todos los proyectos que tienen que ver con la ejecutoria del Estado se burocratiza y corre el riesgo de perder su oportunidad.

como quiera que estamos realizando su seguimiento desde cuando la iniciativa de instalar el parlamento en Cochabamba partió del presidente Lula, ha pasado ya casi dos años hasta el día de hoy cuando la novedad nos la trae una crónica de Joel Vera Reyes publicada en Los Tiempos con la misma fotografía que complementa la página.

Adelantamos que el proyecto se estaba sobredimensionando por cuanto la suma inicialmente aprobada por los gobiernos de 50 millones de dólares no es tan grande que permita la construcción de toda una ciudadela como nos refiere la crónica merced al entusiasmo y al aporte de los vecino de San Benito a 35 kilómetros de la ciudad, de un terreno de 100 hectáreas para situar al Parlamento, tomando como padrón si se quiere a la sede del parlamento europeo ubicada en la ciudad de Bruselas.

Digamos tan sólo de paso que también allí se sobredimensionó el proyecto que tuvo que ser varias veces modificado y que aún hoy, a estar por el comentario de los parlamentarios suecos que acuden a Bruselas, se construyó un edificio mastodóntico que no está totalmente funcionando porque en la práctica, los parlamentarios decidieron por buscarse hospedaje en pensiones y hotelitos de la vieja capital belga, sea porque estaban allí a la mano del centro comercial, cuanto por los precios mejor adaptados a las posibilidades económicas de los diputados de la Unión Europea constituída hoy por 27 países.

San Benito como una segunda alternativa

Correspondió al ingeniero René Saavedra, visionario futurista y enamorado de la región planear y llevar a feliz realización la serie de urbanizaciones que en un momento determinado, quizá respondiendo al impuso de don René y sus hermanos y del grupo cívico que secundó sus iniciativas se llegó a construír unas 50 o más viviendas que correspondieron en aquel momento al Gral. Bánzer, al Gral. Pereda, a las autoridades prefecturales, municipales como don Humberto Coronel, algunos ministros de Estado que relativamente pronto le dieron cuerpo a San Benito y surgió como un barrio extra, vacacional y recreativo de Cochabamba.

No vamos a detenernos en los factores poco afortunados de la región, falta de suficiente agua, dificultades económicas en afianzar la infraestructura básica y el menguado entusiasmo de los avencindados en San Benito que dieron por resultado el abandono de los planes originarios.

La Unión de Naciones Sudamericanas, 12 en la actualidad que dieron su aprobación a la idea de Brasil, no están al tanto del Proyecto San Benito porque ni siquiera se armó la presentación del mismo, aparte de enunciado, del acuerdo de los campesinos e interesados de la región y del Presidente que realizó una única visita para reconocer el terreno.

Lamentablemente no se ha difundido un pliego preliminar que podría contener la información básica de los requerimientos iniciales para el funcionamiento del Parlamento Latinoamericano.

Recordamos sí que existen otras sugerencias de sitios ubicados algo más próximos a la ciudad y cuyo gasto en infraestructura no tendría que ser tan colosalmente alto como el propuesto.

Los beneficios descritos de su proximidad a centros militares y hasta la posibilidad de disponer de una pista aérea para facilitar las comunicaciones son realmente importantes, pero no dejan de ser algo a futuro, constreñidos siempre al costo de una infraestructura en agua, comunicaciones, desagues y vías que alejan su factibilidad en comparación con las otras tres ideas posibles.

El tiempo corre y el avanze es lento

Para no perder ésta oportunidad única para Cochabamba y Bolivia de ser la sede efectiva del Parlamento Latinoamericano el trabajo se tiene que acelerar y llegar sin demora a la fase de convocatoria al diseño del Centro con imaginación y fantasía, pero sin utopías irrealizables que en lugar de facilitar su concresión lo alejen de una real posibilidad.